martes, 11 de diciembre de 2007

Parábola del guía ciego (Mateo 15, 14; Lucas 6, 39)

Quizá usted piense que esta parábola es muy corta para tener un mensaje largo y profundo. No es así. En la vida diaria tenemos muchos ejemplos de guías ciegos. Gente que sin saber lo que está haciendo, pretende enseñar a otros. En primera instancia tomemos la vida espiritual. En la Iglesia hay muchas personas que son sólo católicos de domingo. Una vez que salen del templo, no practican nada más durante la semana. No oran, no meditan, no leen la palabra, no ven películas religiosas ni oyen música sagrada. Tampoco visitan el Santísimo ni practican alguna devoción. Son esos mismos los que luego se erigen en teólogos y sabelotodos a la hora de que alguien pregunta algo. He oído a católicos decir que la Iglesia ha eliminado la confesión, que ya se aceptan los contraceptivos. También los he oído decir que la Iglesia acepta el divorcio. Un día de éstos oiré a alguien decir que la Iglesia acepta y promueve la pena de muerte. Son personas que hacen mucho daño, porque se inventan el mundo en el que viven. Y lo malo es que no se lo guardan para ellos, sino que lo promueven. Tenemos que estar alertas a esos guías ciegos, para que no nos perjudiquen con sus prédicas erradas y vacías.
Hace tiempo, cuando hacía mi retiro de postulantado para la Orden Franciscana Seglar, me tocó en una de las mesas con un señor que decía ser "rollista" para los cursillos de cristiandad. Que él daba el rollo de la eucaristía. Y que allí le decía a la gente cómo la eucaristía era el "símbolo" del cuerpo de Cristo. Yo me quedé pasmado y no me pude contener, como joven al fin. Y le pregunté: ¿Quién le dijo a usted que la eucaristía es el símbolo del cuerpo de Cristo? Gagueó y no me contestó nada. Yo seguí y le dije: "La eucaristía es el cuerpo real de Cristo, no un símbolo. El pan y el vino son signos sacramentales de la presencia REAL de Jesús allí. Usted no debe andar diciendo eso." Se quedó muy cortado, y yo me preguntaba quién le había dado a esa persona tamaña responsabilidad. Era otro guía ciego.
En la vida ordinaria, hay demasiados ejemplos de esto. Podemos empezar por maestros/as que no se preparan lo suficiente para asistir a sus salones de clase. Se presentan allí e improvisan lo que van a enseñar, o enseñan cosas innecesarias. Quien sufre esto es el estudiantado. Seguimos por personas que no habiendo estudiado una materia se erigen en maestros o maestras de ella. Soy maestro de lengua, y a menudo vienen estudiantes a mis salones de clase y me preguntan: Profesor, ¿tal palabra está aceptada? Y me dicen algún disparate o palabra que no está privilegiada por el habla o la academia. Les pregunto a mi vez: ¿Quién te dijo eso? Ah, mi maestro/a de arte, o de música, o de historia, según sea el caso. Zapatero a su zapato, les contesto. Creo que nuestra responsabilidad en ese caso es estar bien informados antes de emitir juicios sobre materias que no conocemos.
En otros casos asimismo se puede palpar la enseñanza de esta parábola tan sabia. Mi esposa y yo fuimos matrimonios acogedores por unos años en nuestra parroquia. Nuestra labor consistía en compartir nuestra experiencia matrimonial con parejas que se iban a casar. Contestábamos con ellos unos cuestionarios que nos daban la oportunidad de decirles cómo nos funcionaban a nosotros esos elementos que se mencionaban allí. Recuerdo un caso particular. A nuestra casa llegó un día una pareja, cuyo novio se había divorciado antes. Como no se había casado por la iglesia católica, pues ahora lo podía hacer. Tan pronto comenzamos a discutir las cosas, él se adelantaba a dar sus opiniones de hombre experimentado en el matrimonio. Y quería él ser el maestro de su novia. A mí aquello me dio un poco de coraje y le dije: "Fulano, esta es otra experiencia. La primera, en tu caso no funcionó. No puedes traer esas ideas a esta relación porque harán que también esta fracase. Lo que hay que hacer ahora es construir una filosofía de vida que sea de ustedes dos, no la de tu anterior matrimonio." Él se había convertido en un guía ciego porque no había aprendido de sus errores pasados.
En materia de finanzas también se ve la enseñanza de esta parábola sabia. Conozco a una persona que por gastadora se tuvo que ir a la corte de quiebras. Luego otra conocida empezó a tener problemas económicos y ella se presentó a su casa a enseñarle cómo debía ahorrar para poder hacer sus cosas bien.
Esta parábola nos enseña que nuestro primer maestro en materia de espiritualidad es Cristo, luego sus ministros en la tierra, después aquellos laicos preparados que han estudiado bien la teología y nos pueden guiar para aprender lo necesario. En otras materias siempre tenemos que depender de los especialistas en el área. No hagamos como hizo una vez una pacienta de un médico que conozco. Cuando él le preguntó cómo había seguido le dijo que no muy bien, porque no se había tomado los medicamentos que él le recetó. Su vecina le había dicho que esos medicamentos le harían daño. Él le dijo que como su vecina parecía ser doctora en medicina, que se fuera a tratar con ella.
Cristo nos instruye como siempre a buscar la mejor opción para toda nuestra vida.