martes, 11 de septiembre de 2007

El rosario: una guía práctica para la vida diaria

El Rosario: una guía práctica para la vida diaria

Existe mucha gente que cree que no sabe orar. Piensan que orar es cosa de beatos y de santos. No saben que Jesús dijo que “no multiplicáramos palabras.” Es decir, no debemos pensar que orar bien significa pronunciar discursos maravillosos albando a Dios y a todos sus ángeles. En ocasiones, orar bien sólo necesita que nombremos a Dios. San Francisco de Asís rezaba a veces toda la noche la oración que le dijo Santo Tomás a Jesús cuando lo vio resucitado: “Señor mío y Dios mío.” Esa pequeña oración lograba que el Pobrecillo de Asís cayera en un éxtasis profundo de meditación y arrobamiento.

De modo que para aquéllos que piensan que no saben orar, tenemos el Santo Rosario, una meditación profunda sobre los misterios de la vida de Cristo. Alguna gente piensa que rezar el Rosario es recitar una cadena de padrenuestros y avemarías. Pero en realidad no se trata de eso. La repetición de la oración del Señor y la salutación angélica sirven para mantenernos concentrados. La repetición sirve asimismo para la memorización y el aprendizaje. Así que lo importante del Rosario consiste en meditar activamente en los misterios de la vida de Cristo.

El Santo Rosario consiste de 20 misterios, divididos de la siguiente manera: 1) Misterios gozosos, 2) misterios dolorosos, 3) misterios luminosos y 4) misterios gloriosos. A su vez estos se dividen en, respectivamente: 1) La encarnación del Hijo de Dios, La visitación a Santa Isabel, el nacimiento de Jesucristo, la presentación del Niño en el templo, el Niño perdido y hallado en el templo; 2) La oración en el huerto, la flagelación, la corona de espinas, la crucifixión, la muerte; 3) el bautismo del Señor, las bodas de Caná, el anuncio del Reino y la invitación a la conversión, la transfiguración, la institución de la Eucaristía; 4) la resurrección, la ascensión, la venida del Espíritu Santo, la asunción de la Virgen, la coronación de la Virgen.

Rezarlo es muy sencillo. Se hace la señal de la cruz, se piden las gracias que se necesiten, se hace el acto de contrición. Esto constituye la introducción. Se anuncia el misterio que se va a hacer dependiendo del día: misterios gozosos (lunes), misterios dolorosos (martes y viernes), misterios luminosos (jueves), misterios gloriosos (miércoles, sábados y domingos).

Cada vez que hagamos el Rosario sería recomendable hacer la lectura donde se encuentra el misterio. Las lecturas se encuentran en los siguientes libros de la Biblia. Los misterios gozosos: 1) Lc 1:26-38; Lc 1:39-53; Lc 2:6-19; Lc 2:22-40; Lc 2:41-52. Los misterios dolorosos: 2) Mt 26:36-41; Jn 18:36-38, 19:1; Mc 15:14-17; Jn 19:17; Jn 19:25-30. Luminosos: 3) 2 Co 5:21, Mt 3:17; Jn 2:1-12; Mc 1:15, Mc 2:3-13; Lc 9:35; Jn 13:1. Gloriosos: 4) Mc 16:6-8; Mt 28:18-20, Hch. 1:9-11; Hch. 2:1-4; Cantar 2:3-6, 10; Cantar 6:10, Lc. 1:51-54.

Por el momento es bueno saber que luego de que se medita un poco en el misterio, se reza un padrenuestro, diez avemarías y el gloria.

En mi próxima meditación comenzaré a ver qué nos dicen esos misterios para nuestra vida diaria.

2 comentarios:

JC dijo...

Creo también que mientras recitamos las palabras en toda su maravilla y su poder entran a nuestro espíritu y permanecen con nosotros. Así el espíritu se fortalece.

Feliciano dijo...

Creo que tienes razon, porque a Jesus se le llama la palabra. Las palabras tienen el poder de transformarnos.