miércoles, 19 de septiembre de 2007

Primer misterio: La encarnación del Hijo de Dios (Lucas 1:26-38)

Además de considerar lo que sucede en este misterio, muchas ideas para nuestra vida se pueden sacar en claro. En primer lugar, Dios envía a su arcángel Gabriel a una ciudad desconocida, a una mujer humilde, para decirle que será la madre de su hijo. La conversación de María con el ángel merece mucha atención. La muchacha no se arredra ante la presencia del emisario de Dios. En otras visitas celestiales sobre las que hemos leído, notamos que inmediatamente el ángel les dice a los videntes que no les va a hacer daño. En el caso de la Virgen, sólo le dice que no tema, y es porque María se ha turbado no por su presencia, sino por su mensaje. Ese saludo, de “has hallado gracia ante los ojos de Dios,” nos dice que los humanos podemos lograr que Dios se fije en nosotros de manera especial como lo hizo con María. Aunque Dios siempre está pendiente de los seres humanos, no a todos nos manda mensajeros con esas palabras, ni nos encarga esas misiones como lo hizo con esa doncella de Nazaret. María estaba consagrada al templo, y como toda la comunidad judía de aquella época, conocía las profecías que se referían al Mesías. La pregunta que le hace al ángel indica que no esperaba ser la madre del Escogido de Dios porque no tenía contacto alguno con un hombre.

La contestación del arcángel Gabriel podría aplicarse a nuestra vida: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios” (Lc. 1: 35). En este pasaje el Espíritu Santo es llamado “la virtud del Altísimo.” Para hacer nacer al Hijo de Dios en nosotros, la virtud de Dios debe posarse sobre nosotros. Y para que se pose, debemos hallar gracia ante sus ojos. Esto conlleva practicar cada día los mandamientos, sobre todo el del amor al prójimo. La contestación del ángel también nos dice que nuestros hijos serán santos si dejamos que el Espíritu de Dios habite en nuestros corazones, en nuestras casas, en nuestros trabajos. Instaurar el Reino de Dios nos lleva a tener la actitud que demostró María: la humildad, la obediencia.

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.” Es la actitud del que se abandona en Dios, porque tiene la certeza de que el Señor no le deja de la mano. María siempre fue humilde. Nunca sobresalió, nunca dejó que su presencia opacara la de su Hijo. El mismo Jesús la declara bienaventurada, no porque fuera su madre, sino porque “bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.” Ese es el caso de la Virgen, y ése debe ser también nuestro caso. Y el ángel desaparecerá, pero se quedará vigilándonos en el camino.

2 comentarios:

Francisco Javier Arlegui Loyola dijo...

Lo mas hermoso de este misterio es que Maria , siempre es humilde y obediente , esa entrega incondicional que hace a Dios , es la Digna Madre del Hijo de Dios.-
Maria siempre bendita.-
Amen

Francisco Javier Arlegui Loyola dijo...

Maria , Obediencia y Humildad sin limites es la digna elegida por Dios para que su hijo se encarne.