jueves, 3 de julio de 2008

Parábola de los dos deudores (Mateo 18:23-34; Lucas 7:41-47)

Aquí en realidad hay dos versiones de una misma parábola, aunque ambas difieren un tanto en la focalización. La de Mateo se centra en este personaje que pide al dueño que le perdona una deuda y luego va y casi mata a alguien que le debe a él. En la de Lucas, Jesús pone la parábola y pregunta que cuál de los dos a quienes se les perdonó la deuda le agradecerá más al amo. En ambas, es obvio que se trata del perdón. Como dijimos cuando comentamos la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15), la espiritualidad trata casi toda del perdón.

Empecemos por ver cuánto perdonó Jesús. A la pregunta de cuántas veces debemos perdonar a nuestro prójimo, Jesús contesta que 70 veces siete. Es como decir, perdona siempre. Él mismo dio el ejemplo. Perdonó al paralítico que bajaron en una camilla a través del techo (Mt. 9:2-8); a la mujer atrapada en adulterio (Jn 8:3-11); a la mujer que le ungió los pies con el perfume (Lc. 7:44-50); a Pedro, por negarlo (Jn. 18: 15-18); al ladrón en la cruz (Lc. 23:39-43); y a los que lo que crucificaron (Lc. 23:34). No se puede decir que lo que hace Jesús es darnos teoría. No, lo aplica a la vida, para que lo veamos en acción.

Para no dejarnos de decir, lo pone como parte de la oración que nos enseña en el Padrenuestro. Para mí, lo más difícil de la religión cristiana es el perdón. Y todo porque somos muy egocéntricos. Cuando entendamos eso, perdonar se hará más fácil. Tenemos que empezar a dejar de lado los designios del ego. Cristo nos enseña de alguna manera qué es andar en el espíritu cuando nos dice que para seguirlo debemos negarnos a nosotros mismos. Si queremos aprender a perdonar, unos cuantos pasos nos ayudarán a ello:

1) Primero tenemos que aprender a perdonarnos a nosotros mismos. Muchas veces nos condenamos pensando que somos escoria, que no valemos nada. Que todo lo hacemos mal. Dios nos creó a su imagen, por lo tanto, valemos infinitamente porque tenemos en nosotros la impronta divina. No viene mal, entonces, reconocer en nuestra personalidad aquello que vale mucho, aquello bueno, y perdonar los errores que hemos cometido. La mejor manera es saber que una vez que nos arrepentimos y le pedimos perdón a Dios, Él en su infinita misericordia, nos limpia de todos nuestros pecados. Siempre debemos oír la voz del Maestro que dice, "en lo adelante, no peques más."

2) Para perdonar a otra gente, hay que practicar la empatía, es decir, ponerse en los zapatos de la otra persona. Entender que la otra gente tiene ideas distintas a las nuestras es vital para perdonar cuando creemos que alguien nos hace mal. Mucha gente hace cosas que no están del todo bien para nosotros, pero no lo hace por dañarnos, sino porque genuinamente piensa que con eso ayuda al mundo. Claro, es cierto que no siempre ayuda al mundo. Pero Jesús no pensó en eso cuando lo condenaron injustamente y lo mataron porque pensaron que era un impostor y un revoltoso. Simplemente los perdonó, e insistió en que no sabían lo que hacían. Si pensamos así, poco a poco nuestros sentimientos de hostilidad hacia la gente que no nos cae bien por tener otras ideas irá desapareciendo. Es decir, tenemos que soltar la manía de creer que sólo nosotros tenemos la razón.

3) Debemos dejar la estrategia de hablar mal de la gente. Eso lo único que logra es que siempre veamos a nuestro prójimo como malo. San Pablo dice que no usemos malas palabras porque afectan al Espíritu. De eso se trata. Tengo una compañera de trabajo que nunca habla mal de nadie. Para ella, todo el mundo es bueno, sano, brillante, bien intencionado. No sé quién tenga problemas con ella, porque todo el mundo la quiere. Eso es ser una persona sana.

Practiquemos a perdonar. En un diario, práctica muy buena para la oración, escriba la gente a la que todavía no ha perdonado por alguna razón. Vea bien cómo se dio la situación y pruebe a cambiarla por escrito. Perdone a esa persona. También puede escribirle una carta y perdonarla por escrito. Vea cómo se siente. Dios le dará paz a su alma si lo intenta solamente.

No vayamos al Purgatorio hasta pagar la deuda. Perdonemos las ofensas de los demás para que Dios perdone las nuestras.

3 comentarios:

Manuel dijo...

Lo felicito por su empeño en mostrar las meditaciones, me gustan y me sirven a la vida diaria, siga en ese empeño.

Profesor dijo...

Manuel: muchas gracias por tu comentario. De veras me parece muy solidario de tu parte haber entrado a mi blog y darme aliento. Pasare por el tuyo a ver que tienes por alli. Muchas gracias de verdad.

jorge dijo...

muy buena la meditación acerca del perdón referente a la parábola, no comparto la idea de purgatorio, ya que veo que es un estudioso de la palabra lo invito a que se relacione mejor con este concepto, ya que no es utilizado en la escritura. Dios lo bendiga y el espiritu santo lo conduzca a toda verdad.