lunes, 27 de abril de 2009

Multiplicación de los panes y los peces (Juan 6:1-15)

Una vez una estudiante me preguntó: ¿Cómo podemos nosotros multiplicar los panes y los peces? Me pareció una pregunta inteligente que denotaba una persona con conciencia de que los milagros de Cristo son reproducibles en la vida diaria. Es curioso que en la version de Lucas Jesús les dice a los apóstoles: “Denles ustedes de comer” (Lucas 9: 13). Con lo que nos lo está diciendo a nosotros también.

Para decirle cómo se podía hacer, le conté esta historia verdadera. En 1998 azotó el Caribe el huracán Georges. Fue terrible para Puerto Rico, Santo Domingo y Haití. Mucha ayuda vino para P.R. y Santo Domingo, pero por alguna razón, se olvidó a Haití. Dos profesoras universitarias, una de las cuales creía mucho en la Providencia de Dios, decidieron que podrían ayudar. Sabían que parte de la dieta básica del haitiano y la haitiana era el arroz. Le dijeron al estudiantado que todo aquel o aquella que quisiera, les trajera un saquito de arroz. No ofrecieron puntos en el examen, nada de eso. Todo tenía que salir del corazón. Las primeras dos semanas pasaron y solo tenían más o menos quince bolsas de arroz. Nada del otro mundo. A una de ellas se le ocurrió enviar un mensaje por correo electrónico, y decirles a los demás profesores y profesoras lo que estaban haciendo. Muchos se unieron y les pidieron lo mismo a los estudiantes. Algunos ofrecieron puntos en la nota de participación y en otras actividades. Al cabo de dos semanas más tenían 1,500 bolsas de arroz. Ahora el problema era cómo llevarlas hasta allá. Todo esto era en Puerto Rico.

La profesora que era religiosa se acordó de que las Hermanas de la Caridad tenían una misión en Haití, y las llamó. Ellas le dijeron que si les hacían llegar el arroz, la congregación se encargaría de que llegara a su destino. No tenían cómo hacerlo, pero se les ocurrió pedir ayuda a la universidad. Le concedieron una camioneta, y entre ellas y muchos estudiantes colocaron las bolsas de arroz en la misma. Llegaron a San Juan, y desde allí las llevaron a Haití.

Vemos aquí que cuando existe en nuestros corazones la motivación de ayudar al prójimo, Dios mueve todos los obstáculos y la ayuda progresa. Siempre pensemos que Dios está ahí para darnos la mano, y en todo momento veremos cómo cuando miramos hacia Él, el resultado sera: “Comieron, se saciaron todos, y se recogieron de las sobras doce cestos de mendrugos” (Lucas 9:17).