lunes, 22 de octubre de 2007

Quinto misterio doloroso: La crucifixión (Mt 27: 32-50; Mc 15: 20-37; Lc 23:33-38; Jn 19: 17-30)

Éste es para mí quizá el momento más absurdo y triste de la historia de la humanidad. Nunca he entendido, como no sea cuando me lo planteo desde el punto de vista político, cómo aquellos seres condenaron a muerte a una persona porque no se ajustaba a sus parámetros de vida. Y miento, sí se ajustaba. Lo que pasaba era que Cristo les dijo en la cara que sus prácticas de la Ley eran vacías, que no entendían las escrituras, que no sabían lo que era la misericordia. En fin, les dijo “sepulcros blanqueados.” Jesús amenazaba el poder y el control que los fariseos y los doctores de la Ley ejercían sobre el pueblo de Dios. Ellos se habían erigido como albaceas de los bienes del Reino. Les gustaba que los llamaran “doctores” y “maestros.” En muchas ocasiones Jesús los hizo quedar en ridículo, aunque fuera en menor grado. Ejemplos de esto fueron cuando le preguntaron sobre el impuesto: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”O cuando le preguntaron sobre los mandamientos más importantes: “Amarás a tu Dios con toda tu alma y toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” Estos “maestros” no soportaban cuando ese muchachito hablaba y la gente decía que hablaba con autoridad, no como los escribas y fariseos. Finalmente, como dijimos en los misterios anteriores, no se ajustaba a su idea de un mesías.

Todavía en la cruz Cristo nos alecciona. Tradicionalmente se celebra durante la Semana Santa el discurso de las Siete Palabras (que meditaremos más adelante y por extenso). Esas palabras de Cristo en la cruz nos dicen que no ha existido nadie como esta persona en este mundo. El camino del Calvario debe ser para nosotros símbolo de nuestros sufrimientos en la vida. Cristo cae tres veces, para simbolizar la infinidad de ocasiones en las que el cristiano caerá por muchas razones. Pero el Maestro se levanta cada vez. Nos alecciona a nunca cejar en nuestros propósitos de enmienda. Cuando los soldados toman a Simón de Cirene y lo obligan a llevar con Él la cruz, pensamos en que nos toca parte de esa obligación. Debemos ayudar a Jesús con su carga. Eso implica dar de comer al hambriento, vestimenta al desnudo, confort y apoyo a los reos y a los enfermos, oración por los muertos y los afligidos.

En la cruz Cristo demuestra perdón, solidaridad (al dejarnos a su Madre), tolerancia. La cruz se convierte en el símbolo de los cristianos por excelencia. Pablo dice que predica a un Cristo crucificado. Por eso lo usamos en cadenas, en nuestras oficinas y casas, porque nos recuerda el sacrificio del Señor, y porque nos alienta a sufrir con paciencia los vejámenes que nos hacen por practicar nuestra religión. Ser cristiano es cargar con esa cruz y dejarnos crucificar por el mundo. Crucificar en nuestros cuerpos los lastres que nos dejan el mundo y sus imágenes. Significa perdonar y tolerar a nuestro prójimo con sus defectos y virtudes, que no son ni mejores ni peores que los nuestros.

La cruz también implica saber que los delincuentes, como los ladrones que crucificaron al lado del Señor, también son seres humanos. Como el buen ladrón, se arrepienten de sus pecados y se ganan la gloria. Estos ladrones representan a las clases marginadas de este mundo: las prostitutas, los extraviados del sistema, etc. También a ellos Cristo les da la oportunidad de regenerarse. Y no los cuestiona. Cuando muestran el arrepentimiento, los perdona y les da la vida eterna en el acto, como hizo con aquel ladrón que le pidió que se acordara de él cuando estuviera en su reino. Fue un acto sencillo de fe. “Yo creo que Tú eres un rey y que me puedes beneficiar.” Se compara al acto de fe del centurión y de todos aquellos que se acercaban al Maestro para beneficiarse de su poder omnímodo.

La cruz y el sufrimiento también implican, que como en aquel momento, María estará a nuestro lado. No nos dejará si sufrimos por el Evangelio, o por su Hijo, o por Ella. De igual manera, saciará nuestra sed de justicia y equidad.

Cristo, al terminar nuestra vida, si hemos obrado conforme a sus enseñanzas, nos dejará decir, como Él, “Todo se ha cumplido. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

2 comentarios:

Raúl José dijo...

Yo creo que la crucifixion es la prueba maxima de que el fundamentalismo religioso nos aleja de Cristo; contrario a lo que puedan pensar estas personas que intentan vivir su vida de esta forma. La obsesion con las reglas, con el dogma y con los ritos POR ENCIMA del mensaje principal de Cristo - amense unos/as a los/as otros/as como yo les amo - los lleva a cometer atrocidades como esta hoy dia. Hay un sticker bien bueno que dice: "Yo estoy en contra de la pena de muerte, miren lo que le paso a Jesucristo". Sera, acaso, coincidencia que muchas de las personas que creen en la pena de muerte son l@s fundamentalistas? No me parece.

Feliciano dijo...

Me gusta mucho esa idea. Claro que estoy de acuerdo. La pena de muerte es eso mismo que tu dices. Lo curioso es que Moises la invento en los tiempos anteriores a Cristo sin darse cuenta de la contradiccion en la que caia despues de haber bajado de la montana con unas tablas que decian: "no mataras." Si lo vemos bien, es como si nos dijeran , si no lo haces bien, te mato. Que paradoja, no? Gracias por comentar.