martes, 9 de octubre de 2007

Segundo misterio luminoso: Las bodas de Caná (Jn 2: 1-11)

Si seguimos con la línea de los misterios anteriores, vemos que este es el primer milagro que hace Jesús en su vida pública. Y lo hace en atención nada más y nada menos que de su madre. Como madre al fin, María se da cuenta de una vergüenza que pueden pasar los novios y la familia en una boda a la que está invitada. Jesús está asimismo invitado a la boda, y está allí con sus discípulos. Aparentemente no se ha dado cuenta del problema, y María se lo dice: “No tienen vino.” Vemos cómo Jesús trata a la Virgen: “Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí. No es aún llegada mi hora.” En un contexto como el nuestro, esto hubiera sido una falta de respeto, porque es como decirle a nuestra madre, ¿qué me importa a mí eso? Eso es problema de ellos. La respuesta de María nos indica que ella sabía el lugar que le correspondía como mujer en la sociedad judía, pero sabe que ella es la madre, y que el hijo está para obedecer. “Haced lo que Él os diga.”

Esta primera parte del misterio nos coloca nuevamente en el tema de la humildad, como en los anteriores. Por un lado, Jesús es el maestro, el Dios de la Gloria encarnado, pero que obedece a su madre terrenal, como lo hizo aquella vez hace mucho tiempo en el templo. María, por otro lado, es la criatura que ante el Dios Glorioso no se echa hacia atrás e intercede para que se resuelva este percance. Una segunda lección que aprendemos es que no debemos temerle a Dios a la hora de pedir por el prójimo. Aun cuando Cristo la amonesta de cierto modo, la Virgen insiste, da por sentado que Dios encarnado en su Hijo le hará el milagro. Y la tercera lección es la fe. Como el centurión, como la hemorroísa, como el ciego, como la mujer cananea que le dice que los perros comen de las migajas que caen de la mesa de los amos, María pide como si ya le hubieran hecho el milagro. Deja atrás el miedo, la pusilanimidad, para que aquello que necesita se dé por hecho. Una cuarta lección de este pequeño pedazo del misterio es que María nos dice que tenemos que hacer lo que su Hijo diga. No se adjudica el milagro. Su Hijo es el importante. Su trabajo es un trabajo callado, pero efectivo.

La Virgen es nuestra intercesora ante Jesús. Jesús es el Dios de la Misericordia. Cuando tengamos problemas propios o ajenos que queramos resolver, acudamos a la Virgen. Ella se lo dirá a su Hijo y Él nos lo concederá.

El milagro del vino comporta otros temas que debemos auscultar. Jesús es el dueño de la abundancia. Como en el milagro de los panes y los peces, nos damos cuenta de que no faltaría nada en el mundo si nos diéramos cuenta de quién dispensa los bienes. Siempre queremos hacer las cosas por nosotros mismos. En muchos casos, eso no es posible. Aprendamos que hay una fuente inagotable, Dios. Los problemas serían menos problemas si comprendiéramos el poder de Dios. María así lo entendió y se puso en manos del que podía darle lo que ella quería. Es probable que creamos que todo lo sacamos de nuestro trabajo, de nuestro talento. Pero la realidad no es esa. Es Dios quien suple nuestras necesidades, nadie más. Sí tenemos que hacer por el prójimo, pero cuando no esté a nuestro alcance, acudamos a Dios. Fue lo que hicieron los apóstoles durante la multiplicación de los panes. Cristo les dijo: “Dadles vosotros de comer” (Mt 14:16). No obstante, ellos replicaron: “No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces” (Mt 14: 17), como quien dice, ¿qué vamos a hacer con tan poquito? Y es entonces cuando Jesús entra en acción.

En este misterio las lecciones de fe en el poder de Dios y en la intercesión de María son claras. Aun cuando alguna gente crea que María no tiene ningún poder, sería justo preguntar, ¿quién no le hace un favor a su madre? Sólo un hijo malagradecido le negaría un favor a su mamá. Jesús se porta como el buen hijo que es, y así nos enseña que si acudimos a su Madre, Él nos hará muchos favores. De ella aprendemos que sólo la humildad, la fe y la perseverancia nos conseguirán frutos espirituales sin término.

4 comentarios:

Raúl José dijo...

Este es un evangelio que, cada vez que lo leo, me parece mas poderoso. Estoy de acuerdo contigo en que, efectivamente, todas las personas a quienes Jesucristo les concede milagros piden como si ya fuera un hecho. Asi debemos pedir tod@s y no porque nos sintamos arrogantes de que nos merecemos/as que se nos complazca, sino porque tenemos la fe en un Padre eternamente misericordioso!

Feliciano dijo...

Sí, efectivamente. Es un evangelio esperanzador. Esperanzador en el poder de Dios y en la intercesion de Maria. Ademas, nos asegura que Dios siempre nos oye, si le pedimos con perseverancia. Gracias por comentar, hijito.

jc dijo...

Es uno de mis misterios predilectos. Siempre que lo medito pienso en que la Virgen solucionó la imprevisión de la pareja, cómo planificar una boda sin contar bien los invitados y lo que se necesitaba para que quedara bien? Así mismo es nuestra vida, alocada, improvisada, imperfecta. Este milagro me recuerda que La Virgen y Jesús reparan y enderezan mis senderos torcidos. Que son ellos la fuente inagotable de "vino de calidad" es decir, de todo lo que necesito para vivir y vivir bien. Porque siempre me hace pensar mucho, por qué Jesús inició su vida pública resolviendo un problema de la cotidianidad, de la vida en sociedad? Por qué la Virgen concedió tanta importancia a que esta pareja no pasara una verguenza ante sus invitados? Por qué no empezó con una curación asombrosa de un enfermo o enferma? Claro, la Biblia nos enseña qué mucho hay detrás de las andanzas de Jesús en sus múltiples facetas. Igualmente este milagro nos enseña que la vida de Jesús estuvo siempre unida a la Virgen, que era muy importante para Jesús dejarlo clarísimo, porque según nos enseñó cómo rezar, de igual manera nos enseñó a reconocer en su Madre la fuente de sus caricias y la llave de su misericordia.

Feliciano dijo...

JC: Gracias por esa otra meditacion del misterio. Tienes toda la razon del mundo cuando pones a Jesus a empezar su vida publiva con un milagro para resolver el problema de la cotidianidad. Tambien me gusta mucho eso del vino de calidad que nos dan Jesus y Maria. Ciertamente eso que has pensado sobre el misterio me parece acertadisimo. Gracias por comentar.